EnResumen.com

Literatura Resumida

En la mañana, Van Helsing y el Dr. Seward regresan a la residencia de Westenra. Los recibe la mamá de Lucy y esta les comenta que recogió todas las apestosas flores durante la noche y que abrió la ventana para que entrara aire fresco. Una vez que la Sre Westenra sale de la habitación, Van Helsing casi se desmaya. Lucy está casi muerta. Una transfusión de sangre de Van Helsing la resucita. Van Helsing le advierta a la Sra. Westenra que nunca vuelva a remover nada de la habitación de Lucy. Durante los próximos cuatro días todo sigue sin novedad. Lucy se siente mucho mejor.

Un reportaje del Pall Mall Gazette indica que se ha escapado un gran lobo del zoológico. El animal regresa a la mañana siguiente cubierto de fragmentos de vidrio. La entrada del diario de Seward del 17 de septiembre señala que Renfield lo atacó: le hizo una cortada en la muñeca y le lamió la sangre mientras repetía una y otra vez: “¡La sangre es vida!”

Van Helsing le envía ese día un telegrama a Seward en el que le pide que pase la noche con Lucy. Pero el mensaje se retrasa y no llega sino a la mañana siguiente. El 17 de septiembre, la noche en que escapó el lobo, Lucy se despierta asustada por un aletazo en su ventana y por el aullido de un lobo. La Sra. Westenra también se asusta con el ruido y corre a la habitación de su hija. De repente, la ventana se vuelve añicos y aparece la cabeza de un inmenso lobo.

Aterrorizada, la madre de Lucy le quita del cuello a su hija la guirnalda de ajos y sufre de un ataque al corazón. A medida que Lucy pierde la conciencia, ve que el lobo saca la cabeza de la ventana. Las cuatro criadas de la casa entran y se aterrorizan con lo que le ha pasado a la Sra. Westenra. Las mujeres regresan al comedor y beben un poco de vino, pero este está envenenado y todas se desmayan. Lucy, indefensa y sola, esconde el diario en su corpiño con la esperanza de que alguien lo consiga cuando la vayan a enterrar.

La narración se centra de nuevo en el diario de Seward. Al día siguiente, Van Helsing regresa a la mansión Westenra y, junto a Seward, encuentra una escena terrible: las criadas inconscientes en el suelo del comedor, la Sra. Westenra muerta y Lucy, de nuevo, a las puertas de la muerte y con una terribles heridas en el cuello. Ninguno de los dos hombre puede donarle más sangre. Pero aparece el tercer pretendiente de Lucy, Quincey Morris, y acepta donarle la sangre. Extrañado, Morris pregunta qué ha sido de toda la sangre que ya le han donado a Lucy. En eso, llega Holmwood. La muerte de su padre y de la Sra. Westenra, así como la enfermedad de Lucy, lo tienen abatido. Pero su presencia mejora el ánimo de su prometida.

Aún sin saber todo lo ocurrido, Mina le escribe una carta a Lucy informándole que ella y Jonathan se acaban de casar y que ya regresaron a Inglaterra. El asistente del Dr. Seward le escribe a este para informarle que Renfield se volvió a escapar y que atacó a dos hombres que cargaban una cajas de tierra de Carfax. Van Helsing rodea de ajo a su paciente, pero esta se quita las flores y se queda dormida. Mientras Seward vigila a Lucy esa noche, nota que hay un murciélago que vuela cerca de la ventana. Durante la mañana del 20 de septiembre, las heridas de Lucy desaparecen. Los doctores presienten que Lucy está a punto de morir y despiertan a Holmwood para que este se despida de ella. Con una voz extrañamente seductora, Lucy le pide a Holmwood que la bese, pero Van Helsing lo hala y le dice que la bese sólo en la frente. Holmwood acata las instrucciones de Van Helsing. Finalmente, Lucy muere y recupera su belleza.

Continúa el diario de Seward. Este describe el funeral de Lucy. Antes del funeral, Van Helsing cubre el ataúd y el cuerpo con ajos, y coloca un crucifijo en la boca de Lucy. Le dice a un Seward visiblemente confundido que, tras el funeral, deben cortarle la cabeza a Lucy y sacarle el corazón. Sin embargo, al día siguiente, Van Helsing descubre que alguien se ha robado el crucifijo y le dice a Seward que lo otro tendrá que esperar. Holmwood (que desde la muerte de su padre es conocido como Lord Godalming) tiene el corazón roto y busca consuelo en Seward. No puede creer que Lucy esté muerta. Van Helsing le pide a Holmwood los papeles personales de Lucy, pues tal vez estos contengan la clave de su muerte.

Mientras tanto, Mina escribe en su diario que ella y Jonathan acaban de ver en Londres un hombre alto con bigote negro y barba. Jonathan está convencido de que se trata del Conde Drácula. Molesto, Jonathan se acuesta a dormir y, al despertar, no recuerda nada. Preocupada por la salud de su esposo, Mina decide leer el diario que este escribió en Transilvania.

Esa misma noche, Mina recibe un telegrama informándole que Lucy ha muerto. A este mensaje le sigue un fragmento de un periódico local en el que se reporta que varios niños han sido temporalmente secuestrados en Hampstead Heath (la zona en que fue enterrada Lucy) por una extraña mujer que los niños llamaban la “señora hermosa”. Cuando los niños regresaron a casa, tenían extrañar heridas en el cuello.

Mina está horrorizada con el contenido del diario de su esposo. Cuando Van Helsing la visita para hablar sobre algunos hechos de la muerte de Lucy, Mina está tan impresionada que le da el diario de Jonathan. Van Helsing lee el diario y se reúne con la pareja al día siguiente. Poco a poco, Jonathan comienza a recordar su estadía en Transilvania. Cuando se da cuenta de que Drácula debe haber viajado a Inglaterra, Harker decide comenzar otro diario.

Seward informa que Renfield volvió a su hábito de cazar moscas y arañas. Van Helsing visita al joven doctor y le enseña el reportaje de la “señora hermosa”. Los niños siempre reaparecen con heridas en el cuello parecidas a las de Lucy. Aunque Seward no ve la conexión, su mentor lo urge a creer en algo sobrenatural; algo que no puede explicar la razón. Van Helsing concluye que la responsable de la marcas en los cuellos de esos niños es Lucy.

Seward se siente abatido con la sugerencia de Van Helsing. Sin embargo, continúa la investigación por respeto a su maestro. Los dos visitan uno de los niños heridos y descubren que las marcas son muy parecidas a las de Lucy. Esa misma noche, Seward y Van Helsing abren el ataúd de Lucy pero lo encuentran vacío. Seward sugiere que esto debe ser obra de un profanador de tumbas. Pero Van Helsing le pide que haga guardia por una parte del cementerio.

Cerca del amanecer, Seward nota que algo se mueve entre los árboles. Tanto Seward como Van Helsing se acercan y descubren un niño muerto. Seward aún no admite que Lucy sea responsable de esto. Pero cambia de parecer cuando regresan y encuentran a Lucy radiante en su ataúd. Van Helsing le explica que Lucy es un “no muerto” e insiste en que le llenen la boca de ajo, la decapiten y le claven una estaca en el corazón. Los dos hombres se reúnen con Arthur Holmwood y Quincey Morris, y Van Helsing les explica la situación. Holmwood se niega a mutilar el cuerpo de su prometida, pero finalmente acepta acompañarlos a la tumba.

Esa noche, los cuatro hombres van a la tumba de Lucy y la encuentran vacía. Van Helsing sella la puerta de la tumba con hostias para que la vampira Lucy no vuelva a entrar. Luego los hombres se esconden a esperar. Finalmente, aparece una figura vestida completamente de blanco y cargando un niño. Es Lucy o, más bien, un monstruo que se parece a Lucy, con ojos llenos de fuego y la boca manchada de sangre. Los hombres la rodean, ella deja caer al niño y llama apasionadamente a Holmwood. Holmwood comienza a moverse, pero Van Helsing se pone entre los dos y blande un crucifijo. Lucy retrocede. Van Helsing retira con cuidado las hostias y la vampira entra a la tumba.

Tras presenciar esta escena, Holmwood acepta el plan de Van Helsing. La noche siguiente él mismo le clava una estaca en el corazón a Lucy. Esta recobra su belleza y Van Helsing le asegura a Holmwood que acaba de salvar el alma de Lucy de las tinieblas. Ahora podrá descansar el paz. Antes de partir, Van Helsing fija una cita para dentro de dos noches para que puedan discutir sobre la terrible tarea que tienen entre manos.

A pedido de Van Helsing, Jonathan y Mina Harker deciden quedarse en el manicomio junto a Seward. Mina transcribe a máquina el diario de Seward. Este lee los diarios de Harker y se da cuenta por primera vez de que tal vez Drácula sea su vecino y de que puede haber una conexión entre la proximidad de vampiro y el comportamiento de Renfield. Este último está en calma por los momentos, pero Seward se pregunta si esta tranquilidad tendrá algo que ver con el paradero de Drácula.

Mientras tanto, Jonathan investiga sobre las cincuenta cajas de tierra que fueron enviadas desde Transilvania hasta Inglaterra y descubre que todas tenían como destino la capilla de la mansión Carfax. Le preocupa que algunas desaparecieron en las últimas semanas. Mina nota que Harker pareciera haberse recuperado por completo de su experiencia en Transilvania. Holmwood y Morris llegan al manicomio. Holmwood sigue visiblemente trastornado con todo lo ocurrido.

Mina visita a Renfield con permiso de Seward. Antes de que esta entre, el lunático se traga toda su colección de moscas y arañas, pero se comporta con mucha cortesía y parece muy racional. Van Helsing llega al manicomio. Complacido de que los diarios y las cartas de Seward hayan sido transcritos a máquina y ordenados, le da las gracias a Mina, pero la exime de cualquier tarea que tenga que ver con eliminar a un vampiro: “¡Esa no es tarea para ninguna mujer!”

Van Helsing reúne a todos los presentes y les relata la leyenda del Nosferatu, el “no muerto”. Dice que este tipo de criaturas son inmortales e inmensamente fuertes; tienen poder sobre varios animales y elementos; y puede desvanecerse o cambiar a voluntad. Sin embargo, también tienen ciertas debilidades: no pueden sobrevivir sin sangre; no pueden entrar a un casa a menos que esto se les pida expresamente; y, pierden su poder al amanecer (y deben buscar refugio en el subsuelo o en un ataúd) y ante los crucifijos, las hostias y otros objetos sagrados. Van Helsing continúa diciendo que para matar a Drácula deben primero conseguir las cincuenta cajas de tierra. También señala que, para evitar poner a Mina en peligro, esta no debe conocer los detalles del plan.

Todo el grupo visita a Renfield y este les pide de la manera más racional posible que lo suelten o correrán con terribles consecuencias. Pero Seward no le concede la petición temiendo que este alarde de cordura no sea más que otra fase de la locura de Renfield.

Los hombres viajan hasta la mansión Carfax armados con objetos sagrados. No hay ni rastro de Drácula en la capilla; pero hay una terrible fetidez y los hombres consiguen veintinueve de las cincuenta cajas de tierra. Para horror de todos, la capilla se comienza a llenar de ratas. Los hombres se valen de un silbato para llamar a los perros y que estos persigan a las ratas. Van Helsing está de buen ánimo a pesar de que faltan veintiún cajas. Esperando poderle sacar información al lunático, Van Helsing trata de entrevistarlo, pero este se rehúsa a cooperar y maldice al doctor.

Mina escribe en el diario sobre cómo aumenta su ansiedad. Una noche en el manicomio se levanta tras escuchar unos extraños sonidos provenientes de la celda de Renfield y descubre que su ventana está abierta a pesar de que estaba segura de haberla cerrado. Mina mira por la ventana cómo la neblina se cierne sobre todo el manicomio, pero termina durmiéndose. Poco después, se despierta y descubre que hay una columna de nubes en su habitación. Mira un rostro blanco y lívido que se inclina hacia ella, pero asume que todo esto forma parte de un sueño.

Las investigaciones de Harker revelan que doce de las cajas desaparecidas fueron depositadas en dos casas de Londres. Las nueve cajas restantes fueron a parar a una casa de Piccadilly, un suburbio de Londres. Harker y el resto de los hombres se preguntan cómo harán para entrar a esta casa en un área tan populosa.

Seward cuenta que Renfield ha sufrido ciertos cambios de personalidad. El paciente pareciera haber abandonado su interés por la zoofagia; sin embargo, retiera que “la vida es todo lo que quiero”. Seward le pregunta a Renfield cómo dará cuenta de las almas que este tiene planificado recolectar. Renfield se estremece con la pregunta y responde que tiene suficiente de qué preocuparse como para pensar en almas. A la mañana siguiente, los encargados del manicomio escuchan un grito y hallan a Renfield tirado en el suelo y cubierto de sangre.

Subscribe to EnResumen.com